Tips para evitar comer por ansiedad.

Quizá sufras a menudo, el impulso de comer lo que no necesitas. Más aún si te pones a dieta, Tener hambre es algo normal y forma parte de los procesos naturales del ser humano, existe el hambre generada por la ansiedad, que es más bien una reacción psicológica. El estrés, preocupaciones personales, laborales o, en ocasiones, al simple aburrimiento provoca que tengamos la necesidad de comer en momentos que podríamos prescindir de ello. Hoy te daremos algunos trucos para evitar la ansiedad.

Hacer ejercicio es una de las opciones más sanas, ya sea correr, nadar, cargar pesas o el ejercicio que más te guste mantendrá tu mente ocupada para olvidar por un buen rato la comida.

Masticar: Engaña a tu mente con este simple truco así también podrás calmar tu ansiedad de comer, trata de comer cosas sanas, como una manzana, chicle, jícama, zanahoria. La intención es engañar a la mente.

Cambia tus horarios de comida: Ante los nervios no soluciones esa ansiedad con comida, evita alimentos chatarra y modifica tus horarios de colación, adelántalos por lo menos 30 min. Con esto engañarás a tu estómago y evitarás comer de más.

Hidrátate: Muchas veces cuando sentimos hambre o ganas de “picar”, no es más que una señal del cuerpo pidiendo agua, la cual, pero esto nuestro cerebro lo confunde con hambre y a veces simplemente es hidratación, toma solo lo suficiente, con esto tu estómago estará satisfecho.

Varía tus comidas: las dietas no tienen que ser aburridas, puedes variar tus comidas para que tu cuerpo no se acostumbre a los mismos alimentos diarios, puedes alternar tus alimentos sin olvidar las proteínas y las verduras, podrás tener un carbohidrato durante tu mañana y parte de tu tarde con una fruta para calmar la ansiedad.

El problema de los ataques de hambre por ansiedad es que, para conseguir satisfacerlos, recurrimos a alimentos calóricos y poco sanos. Está claro que por aburrimiento o estrés no nos preparamos una ensalada. Esta práctica se puede evitar si aprendemos a controlarlos y a reconocer esas situaciones de estrés y nerviosismo y empleamos mecanismos adecuados para calmar esa necesidad psicológica.

Por: María Elena Olvera Espíndola