La mejor forma de oxigenar el cerebro

¿Alguna vez has escuchado el viejo proverbio romano Mens sana in corpore sano? Seguramente sí. Desde entonces los sabios romanos reconocían la conexión entre la salud física y mental; pero es hasta nuestros tiempos que se ha comprobado científicamente la relación de reciprocidad entre estos dos elementos.

Cuando hacemos ejercicio activamos una serie de mecanismos, esencialmente respiratorios, tanto a nivel celular como a nivel pulmonar. El mayor beneficio fundamentalmente reconocido ha sido el incremento significativo del flujo sanguíneo al cerebro, con lo cual, las células cerebrales están mejor oxigenadas, por ende, mejor nutridas y más sanas. Esta oxigenación cerebral es la que nos da la lucidez día a día, nos permite razonar y tener las funciones básicas de lógica pensamiento.

No obstante, la oxigenación cerebral no es el único factor a considerar, los científicos han comprobado que hacer ejercicio produce una gran variedad de efectos sobre el cerebro, más allá de un bienestar físico, pasan a un plano emocional. A realizar actividad física, se llevan a cabo una serie de reacciones químicas que liberan endorfinas, las cuales nos dan esa misma sensación de bienestar y felicidad que nos proporciona el chocolate, por ejemplo. Así que cuando estemos con los ánimos bajos, en vez de comernos el chocolatito, es mejor que nos dediquemos un ratito a hacer ejercicio.

Las endorfinas actúan sobre los receptores que causan analgesia, minimizando el dolor, ya que son capaces de inhibir las fibras nerviosas transmisoras del malestar. Además de actuar a nivel cerebral produciendo experiencias como la disminución de la ansiedad y la sensación de bienestar.

El ambiente en el que nos desenvolvemos determina mucho el estado de salud de nuestro cerebro, ya que incide insospechadamente en su desarrollo y mantenimiento de la capacidad de aprendizaje y memoria. Los ambientes que proporcionan una mayor cantidad y calidad de estímulos favorecen el desarrollo cerebral, desde el punto de vista anatómico, como funcional. Sin duda, hacer ejercicio y practicar algún deporte, propicia cantidad infinita de estímulos.

También ha demostrado ser un método excelente de protección frente a enfermedades neurodegenerativas, e incluso puede ayudar a disminuir el impacto de estas enfermedades. El ejercicio activa los procesos encargados de mantener y proteger a las células nerviosas. Al hacer ejercicio el cerebro debe coordinar el movimiento de los músculos implicados y el resto de funciones corporales necesarias para que esos músculos funcionen correctamente en una situación que demanda un mayor consumo de energía. Por lo que sin estar conscientes de ello, el cerebro está todo el tiempo, activo, lo cual es un punto más, a favor de la actividad física.

Por Marysol Medina

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